Estudios, crónicas y relatos de nuestra tierra de María Rosa Crespo
- cecilia.suarez@ucuenca
- 10 nov 2018
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 18 nov 2018
Cecilia Suárez Moreno
Entre sus virtudes académicas y humanas, María Rosa Crespo tiene una singular: saber convocar y concitar a su alrededor grupos de trabajo artístico e intelectual para importantes empresas culturales que Cuenca demanda.
Estudios, crónicas y relatos de nuestra tierra es una muestra de la convocatoria de María Rosa Crespo quien ha reunido a varios escritorios cuencanos de profunda valía quiénes, junto con ella, son coautores de esta magnífica obra que hoy presentamos.
Ana Luz Borrero, Manuel J Calle, Eliécer Cárdenas, Adrián Carrasco, Manuel Carrasco, Josefina Cordero, Jacinto Cordero, Jorge Dávila, Enrique Festa, Rodrigo Fierro, Efraín Jara, Mario Jaramillo, José Edmundo Maldonado, Nela Martínez, Gerardo Martínez, Nicanor Merchán y María Rosa Crespo, con la ayuda de instrumental científico y ricos recursos subjetivos, recorren los caminos de nuestra identidad de ese ser, quizás perdido, tal vez desviado en la espesa niebla del olvido o en los laberintos de la globalización.
Todos ellos, cada uno con su propio estilo y forma de enfocar la lente se acercan a hurgar, rememorar, hilvanar, cocer y reflexionar sobre nuestra identidad.
Curiosa premonición o deliberada intención de María Rosa, quién en esta época de globalización pone sobre la mesa este tema de la memoria y de la identidad de una ciudad como la nuestra que corre el riesgo de que, como todo lo sólido, se desvanece en el aire.
La Cuenca de nuestros abuelos era diferente de la actual y será distinta de la que vivan nuestros hijos y nietos. La Cuenca premoderna, la del pasado, era una sociedad signada por la ruralidad, los mitos, la crónica y la imaginación, como lo ha dicho ya Gustavo Vega.
Nuestra Cuenca, a caballo entre la modernidad y la posmodernidad, nos atrae, nos seduce, nos convoca, pero también se cotiza, estalla, se afea, y nos vuelve sus cautivos.
¿Cómo será la Cuenca del mañana? ¿de qué modo la televisión, el cable, el internet, las discotecas, los autos, la comida y las bebidas globales, cambiarán este rostro que no es ni puede ser inmutable?
¿Cómo serán los paisajes luego de la tala de los bosques, luego de la contaminación de los ríos? Nos atrevemos a dilapidar la herencia de nuestros hijos.
¿Cómo será Cuenca con una zona baja llena de edificios en altura?
¿Seremos capaces de proteger el centro histórico como si se tratasen de las joyas de nuestra abuela, último legado para nuestros hijos, los hijos de ellos, sus nietos y el resto de los que vendrán?
En este bello libro están reunidas las fiestas de carnaval, los de los toros, el año viejo, las romerías: la maravilla de los mercados de Cuenca con caminos bordados de claveles y margaritas; con pirámides fragantes de guayabas y naranjas; con aceras eternas de culebreros y agoreros, mágicos adivinadores de la suerte del débil y el fuerte; en fin, aquí está Cuenca toda, con sus guacamayas, serpientes y mujeres.
En este querido libro está nuestra historia de levantamientos y resistencias populares. Aquí está nuestra cocina tradicional: el motepata, los dulces de higos y membrillo: la fanesca y los chumales de la cuaresma el pernil y los cuyes. Aquí está la luz del septenario con sus globos y castillos: las cruces de El Vado, San Sebastián, San Blas y Todos Santos.
En este delicioso libro están los juegos de las bolitas de cristal tingadas en un círculo; los porotos, los marros, cahuitos y otras maravillas como los remedios populares que no solo curan los males del cuerpo y el alma, sino incluso el mal de amores, la más bella y contagiosa de todas las enfermedades.
Aquí está Cuenca toda, con sus olores y sabores, con su luz y sus paisajes, con su gente y sus ríos. Aquí estamos todos, el pasado y el presente. ¿No habrá llegado la hora de que los más jóvenes, los que vienen en inmensa procesión de vida y energía, se tomen la ciudad, la hagan suya la vivan la disfruten y la gocen para perdurar en ella, en su alma colectiva, en su rica y variada identidad de agua y luz?
Gracias María Rosa por este regalo perfumado y sabroso: gracias a todos los autores, recibamos este libro como un retrato lúcido y sentido de nuestro rostro cultural:
comprometámonos a cuidar esta herencia viva, esta memoria extensa y llena de energía, para no perder nuestra identidad en la edad de la globalización.
Gracias otra vez, en nombre de nosotros mismos y de nuestros hijos porque ya sabemos a dónde recurrir cuando nos falle la memoria de nuestra identidad. En este libro está la vida, el corazón y la gente de Cuenca, que como lo dice el lúcido talento de Efraín Jara son "modestos como personas, altivos y arrogantes como pueblo. Parcos, laboriosos, ensimismados, absorbidos por el estudio y las letras, desprendidos en lo individual hasta la negación, para el fomento de la magnificencia colectiva, laboriosos hasta el primor y la perfección, y rendidos de pasión por la poesía".
Cuenca tiene su retrato, aquí está, bellamente pintado: ha llegado la hora de que esa identidad se torne vida, fuerza, meta para el próximo siglo, y así, potencie estos rasgos heredados y se torne piel de cada uno; sostén del futuro y anclas en el vendaval de la globalización.
[1] Este artículo fue publicado en la Revista PUCARA N° 15, Revista de la Facultad de filosofía, Letras y ciencias de la Educación. 1998. Pp. 188-190.

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