K. WISHNIA Y SUS TEXTOS POSMODERNOS
- cecilia.suarez@ucuenca
- 10 nov 2018
- 5 Min. de lectura
Actualizado: 18 nov 2018
Cecilia Suárez Moreno
Conocí a K.Wishnia cuando el sol del mediodía ardía sobre las buganvillas de un patio de una casa cuencana. Yo dictaba unas clases de literatura latinoamericana a un grupo de estudiantes norteamericanos y K.Wishnia llegó a conocer la institución. La primera idea que intuí es que se trataba de una persona de orígenes rusos y judíos, por su aspecto físico, pero también por esas impresiones inexplicables que tenemos los aspirantes a escritores, parecía en realidad, un personaje salido de un cuento de Dostoievski. Un sombrero le protegía su rostro y un bastón apoyaba su camino pausado, lento, casi contemplativo. Todo ello alimentó mi imaginación literaria.
Luego supuse que era un estudioso de la literatura y lo confirmé, cuando se acercó a preguntarme por algunos textos de escritores ecuatorianos que le interesaban para sus tradiciones e investigaciones. Desde entonces entablamos una buena amistad que se nutrió de charlas muy numerosas sobre las principales preocupaciones que ambos tenemos en torno a esta época gris y su literatura.
Supe que era un Candidato a Doctor del Departamento de Estudios Comparados de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, que era un gran conocedor de la teoría feminista de la literatura, que tenía dos hijos, que trabajaba obsesivamente en sus textos y que había escrito novela, cuento, ensayo, teatro, pese a que apenas tenía 33 años.
Más tarde vino la lectura de sus textos. Los leí en la mitad de decenas de ocupaciones que, si bien me satisfacen al extremo, también me quitan el tiempo. Primero conocí Ataraxia Máxima. Acompañado por la presencia espiritual de Hamlet de Shakespeare y del Velorio de Finnegans de James Joyce, Wishnia acomete la dura tarea de escribir teatro satírico en una época en que no solo el género dramático está en crisis, sino también en un ciclo histórico en que la literatura ha renunciado a la sátira en beneficio de la “mengua de los afectos”, como lo diría Frederic Jameson, al referirse a las características estilísticas de la postmodernidad.
De comienzo, me llamó mucho la atención el enorme trabajo de experimentación lingüística que está presente a lo largo de todo este texto. Wishnia latiniza el inglés o lo alemaniza. Juega con las palabras, construye paradigmas de oposiciones lingüísticas de las hablas de la gente de la montaña y de la gente del pantano. Pero más allá de este experimentalismo, muy valioso, por cierto, me interesa destacar los resultados: la escritura de una obra épica en una supuesta, aunque no deseable, época postnuclear.
Los personajes de la obra se dividen en tres grandes grupos: los habitantes del pantano: Dithy, Amma, y Manoizquierda, y los habitantes de la montaña: Kara y Krysis; y finalmente, la tripulación de una cápsula espacial, dialogan a lo largo del texto, en una tensión extrema, meditando sobre la vida y muerte, sobre las consecuencias de una irresponsable decisión de altos gobernantes que, en un demencial instante, podrían aplastar el botón que haría estallar en miles de pedazos al mundo entero, la civilización la historia.
El escenario es un pantano donde se asiste al apocalipsis de la condición humana. Conciencia de la especie, el lenguaje, se desarticula, pierde la sintaxis, el sentido, y llega a la producción de sonidos inconexos (por ejemplo, en la página 79, las últimas líneas del texto de la Mujer Sabia).
La desolación, el salvajismo, la ignorancia, el hambre saciada con canibalismo, la muerte, la oscuridad infinita y el miedo cunden en un planeta asustando con “ríos ardientes de sangre”. Más que épica, la obra presenta un enfoque apocalíptico, expresado con el lenguaje bélico de la aeronáutica de las guerras interestelares.
Pobres criaturas, desechos humanos, poca cosa, casi nada en un mundo donde “todas las cosas sean esencialmente nada, o pronto serán nada”, deambulaban por un escenario de muerte y pesadilla, creado por las propias manos humanas. “Ahora las tormentas son iónicas, y las riberas rocosas son sistemas estelares, pero los demonios siguen allá afuera”. Con lenguaje poético, K.Wishnia nos lleva a esa apocalíptica situación cuando no queda nada, sino, esporádicos latidos de una vida que se evapora del planeta. Pobres criaturas, destructoras de nosotros mismos, de la civilización del otro, de cuanto adornó la vida humana, hasta la luz que apenas titila en el fondo del firmamento y está a punto de apagarse para siempre.
A su vez Las Paredes tienen la palabra, que me gusta personalmente más que la obra anterior, es una obra que asume la estética del teatro del absurdo, tan cara a Samuek Beckett. Construida en dos idiomas, para ser representada simultáneamente en inglés y en español, quiere recrear esa Torre de Babel en que vivimos los hombres posmodernos.
Los personajes son: Punto, Solida, Diamante, Línea Triangula, Raya, General Cuadrado, el traductor, la audiencia, el implantado, la policía y los soldados. La acción se desarrolla en un país latinoamericano sin nombre, es decir, bien podría ser en cualquier país de los nuestros.
Asumiendo para sí el norte de la estética de lo absurdo, K Wishnia se propone negar lo aceptado, como el único heroísmo que nos resta en este mundo.
Al leer los textos de K Wishnia me han asaltado unas cuantas interrogantes que quiero proponerles también al lector. En primer lugar, interesa preguntarse: existe hoy en día una literatura nacional, o estos textos corroboran la muerte de esa idea cuando la pieza es representada simultáneamente en dos idiomas y, más que ello, la universalidad del tema que la articula. Es solamente una biculturalidad la que define la obra de K. Wishnia, o se trata de una escritura que ha vencido el localismo y aspira al universalismo. En cualquier caso, esta obra reta al lector a plantearse la cuestión nacional en la literatura y a definir qué mismo es lo que ello significa a estas alturas de la globalización del mundo.
Por otro lado, quiero destacar el anonimato de género que usa K Wishnia para escribir sus textos. Según sus propios testimonios, no quiere ser prejuiciado por la crítica por su condición de género y plantea esta situación como una contribución a las búsquedas de la teoría feminista.
En tercer lugar, es muy interesante la posición de crítica con que K Wishnia se aproxima al mundo contemporáneo, sin concesiones ni a la política de su país, menos al absurdo mundo que vivimos. Le interesa penetrar profundamente en la psicología femenina y descubrir las estructuras que movilizan su comportamiento. Desterrado de su propio país, autoexiliado para ubicarse en el Ecuador, ha escrito estos textos bellos que se mueven entre la fina ironía antimetafísica de Woody Allen y el teatro absurdo de Samuel Beckett. Y los ha escrito, con el afán de alejarse lo más posible de la realidad. Una realidad que obliga a escribir ciertos temas comerciales, que se venden en el mercado fácil de las editoriales, negando lo establecido, criticándolo fuertemente y sugiriendo en el lector la posibilidad de construir otros mundos radicalmente distintos al actual.
La crítica literaria debe prestar atención a los futuros trabajos de K Wishnia, porque hay entre ellos una estética underground, que pone en cuestión lo dado, y propone la posibilidad de una vida distinta sobre este pequeño planeta sangrado, adolorido y sufriente.

Comentarios