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IDENTIDADES: PLURALES Y COMPLEJAS, CONTINGENTES Y PROVISIONALES

  • cecilia.suarez@ucuenca
  • 10 nov 2018
  • 10 Min. de lectura

Actualizado: 12 abr 2022

“Las identidades son fuentes de sentido para los propios actores y por ellos mismos son construidas mediante un proceso de individualización”


A. Gidenns


“me limito a asumir la identidad como una reserva del sentido de la que dispone el agente cuando entra en intervención con otros. Esta reserva de sentido… tiene una autonomía y peculiaridad propias”


Gian Enrico Rusconi


El complejo concepto de identidad y su abanico de definiciones psicológicas, culturales y sociológicas no ha sido suficientemente analizado ni debatido entre nosotros; aún permanece prisionero de ciertos dogmas y, lo que es peor, ha sido instrumentalizado por intereses particulares, cuando pudo y puede aún ser impulsado como fuente de sentido y experiencias colectivos; por ello, cuando la construcción de ciudadanía es una tarea insoslayable, el tema de las identidades demanda un debate consistente y riguroso que lo analice en este contexto especifico y en el escenario del mundo y la cultura contemporáneos.


La identidad fue objeto de múltiples y fecundados formulaciones en Latinoamérica: el pensamiento político, las propuestas de los intelectuales e incluso de ciertos proyectos militares; la cuestión también ha sido desarrollada en el Ecuador por el pensamiento conservador, especialmente en el siglo XIX; el liberalismo y los partidos socialistas y comunistas, en la década de los años treinta; las reflexiones no han sido tan numerosas pero también proviniendo de los partidos políticos y la intelectualidad.


LA IDENTIDAD ESTÁ EN TODAS PARTES Y EN NINGUNA A LA VEZ


En los dos últimos siglos, el substrato de la identidad ha sido la nación; pero la identidad nacional ha sido cuestionada, tanto por haberse quedado un tanto obsoleta ante los cambios sociales ocurridos a escala planetaria, cuanto por ser fuente de graves y sangrientos conflictos.


El concepto de identidad también ha convocado al discurso filosófico, donde se destacan los enfoques ontológico y lógico; en su obra ya clásica, José Ferrater Mora, con su habitual precisión y rigor, sostiene que, desde el punto de vista ontológico, la identidad es la explicación de por qué A=A; este es quizás el enfoque más frecuente en las reflexiones modernas, particularmente en los ensayos que he podido revisar, escritos en el Ecuador; ha sido desarrollado por historiadores, novelistas, escritores, artistas, ensayistas, etc.


En las ciencias sociales también se puede registrar enfoques diversos, así pues, hay quienes hablan de construcción de identidades; mientras otros se refieren a su deconstrucción; y hay quienes también sostienen la necesidad de reconstruir la identidad y la nación en América Latina.


Con la modernidad y el nacimiento de los proyectos de estados nacionales, la cuestión de las identidades en América Latina, asumió un primer plano en el ejercicio y el discurso políticos, porque estamos en un continente donde identidades indígenas y europeas habían sufrido una profunda transformación durante los cinco siglos de cambio político, cultural y social...(y hoy) se encuentran representados, ¿cómo se han construido discursivamente los imaginarios de las identidades nacionales y locales?

¿Son aún posibles los proyectos de identidad? Si es que lo son, ¿quién los construye, con qué, con quiénes y cómo ésta se expresa en los himnos, en los mapas, en las banderas, en la gastronomía, en la memoria del lugar, en los imaginarios colectivos? Y, sobre todo, ¿necesitamos realmente de la identidad?


Radccliffe y Westwood tienen razón cuando sostienen que la identidad está en todas partes y en ninguna a la vez. Por ello, y en el contexto de la mayor crisis que las ciencias sociales han padecido hasta ahora, es preciso estudiar las identidades de otro modo, interrelacionar las exterioridades con las interioridades (sentido de pertenencia, sentimientos, filiaciones y afiliaciones, relaciones afectivas de identidad), colocarlas ante nuevas entradas o claves teóricas, para poder asirlas tal como corresponde a su importancia.


Así, pues, nuestra propuesta apunta al desarrollo de unas reflexiones sobre la cuestión de las identidades que tenga presente y combine las siguientes entradas teóricas:


IDENTIDAD E IDENTIDADES


La necesidad de pensar las identidades no solo en uno sino en varios plurales. Si antes, sobre todo para las clases dominantes y su concepto de nación excluyente, la identidad (La Identidad, en realidad con mayúsculas) fue un concepto singular, esencialista, que incluso había llevado a pensar en una insoslayable homogeneización, en el presente, esto no solo es imposible, sino que constituye la expresión viva de una peligrosa posición, neoconservadora y antidemocrática.


Tampoco se debería pensar en identidades binarias, fijas y opuestas. Blanco/indio. Varón/mujer. Citadino/campesino. Local/nacional. La cuestión podría ser abordada más bien como identidades contingentes y provisionales, como lo ha dicho Jacques Derrida. Pensar las identidades en un permanente proceso de constitución y des constitución.


LA CONSTRUCCIÓN DE LAS IDENTIDADES Y LOS SUJETOS SOCIALES


En su ya famosa reflexión sobre la era de la información, Manuel Castells ha definido la identidad como: "el proceso de construcción del sentido atendiendo a un atributo cultural, o un conjunto relacionado de atributos culturales, al que se da prioridad sobre el resto de las fuentes de sentido. Para un individuo determinado o un actor colectivo puede haber una pluralidad de identidades. No obstante, tal pluralidad es una fuente de tensión y contradicción tanto en la representación de uno mismo como en la acción social. Ello se debe a que la identidad ha de distinguirse de lo que tradicionalmente los sociólogos han denominado roles (trabajadora, madre, vecina, militante socialista, sindicalista, jugadora de baloncesto, feligresa y fumadora al mismo tiempo)".


Las identidades son para Castells “fuentes de sentido para los propios actores y, por ellos mismos, son construidas mediante proceso de individualización".


De modo que, la construcción de identidades puede llegar a generar actores y sujetos sociales (Alain Touraine, 1995); también las instituciones dominantes de la sociedad las generan para racionalizar su dominación, cuestión que también ha sido analizada por Castells, a partir de las reflexiones de Richard Sennet (1986).


De otro lado, las identidades también pueden estar marcadas por la resistencia de grupos en situaciones devaluadas o estigmatizadas por la dominación. Según Etzioni (1993), estas identidades conducen a la formación de comunas o comunidades, y, a criterio de Castells (1997), este es el tipo más importante de construcción de la identidad en nuestra sociedad.


IDENTIDADES DE RESISTENCIA


La etnia y la “raza” pueden ser concebidas como las expresiones de identidades etnizadas, por ejemplo, en un Estado plurinacional como el Ecuador, y, sobre todo, como un tipo de identidad de resistencia.


El movimiento indígena del Ecuador se posicionó históricamente con una fuerte presencia política, a raíz de su levantamiento de 1990 y la construcción de una opción orgánica de poder. Es indudablemente un tipo paradigmático de construcción de una identidad de resistencia colectiva contra la opresión, la exclusión injusta en lo económico, político, social, cultural y, obviamente, en lo étnico.


Otro tipo de identidad de resistencia es la de las mujeres que no han tenido igualdad de oportunidades para acceder a la educación, a la producción, a la práctica política, al control del dinero; y la de los homosexuales (gays y lesbianas), que han construido una identidad defensiva, aunque ahora han comenzado a exhibir su propia identidad con orgullo. Si bien los gays han "salido del closet" no ha ocurrido lo mismo con las lesbianas, con quienes la sociedad es radicalmente excluyente.


IDENTIDADES EN LA CIUDAD CONTIGUA


Tanto los viejos barrios históricos como los nuevos conglomerados urbanos, e incluso, los poblados a los que tradicionalmente se llamó parroquias rurales o campo, son, aunque de modo diverso, lugares de configuración de nuevas identidades, en otra forma de ciudad, la ciudad del presente: la ciudad contigua, aquella que está creciendo, extendiéndose, tejiéndose, una junto a la otra, prácticamente sin confines, con importantes procesos de conurbación.


En efecto, en la nueva ciudad contigua, estamos asistiendo a la configuración de nuevas geografías urbanas, donde los habitantes del mundo contemporáneo vivimos en una de las ciudades de La Ciudad, como lúcidamente definió Ignasi de Sola-Morales a uno de los fenómenos más característicos de la contemporaneidad.


Pero más allá de este fenómeno, es indispensable reparar en la constitución de estas identidades extraterritoriales en la ciudad contigua, aquellas que emergen en lo que el filósofo Javier Echeverría ha llamado la Telepolis (1997).


Nos referimos particularmente a esas identidades extraterritoriales, como las que se estarán construyendo, por ejemplo, entre quienes usan la telecomunicaciones móviles (telefonía, beepers, etc.), los televidentes del cable, los usuarios de la Internet, los radioescuchas de estaciones radiales y televisivas que hacen cadenas internacionales quienes, a lo ancho de la ciudad contigua, tienen una cultura, unos gustos, un lenguaje y unos valores comunes; actúan a la manera de una red, independiente de su ubicación local, y buscan superar la disyunción entre lo local y lo global, y se colocan en una frecuencia diferente, a la que podríamos llamarla "poscultural".


En este espacio de las identidades extraterritoriales están algunas prácticas de los emigrantes que, cuando no están en su lugar de origen, renacen su pertenencia identitaria, a través de la celebración, fuera de su territorio, de una serie de ritos y rituales que implican la fiesta, la bebida y la comida, las prácticas deportivas, como el Ecua-volley, que jugado en un pequeño territorio en el Bronx, por ejemplo, se convierte en un pedacito de Ecuador, mientras se celebra el evento, tal como lo sostiene Adrián Washco, uno de nuestros artistas jóvenes más lúcidos.

LO LOCAL Y LO GLOBAL EN LA CONFIGURACIÓN DE IDENTIDADES EN LA CIUDAD VIVA


Si bien Castells afirma que la sociedad- red se basa en la disyunción sistémica de lo local y lo global, para la mayoría de los individuos y grupos sociales, por la separación en diferentes marcos temporales del poder y la experiencia. (1996), Edward Soja sostuvo (1989) que en las geografías llamadas "postmodernas": "las relaciones entre lugar, nación e identidades están siendo cuestionadas cada vez más, en especial en lo referente a su permanencia e importancia social, en un mundo donde la nacionalidad solo tiene una función parcial por cumplir en la participación de los individuos en la economía global y las relaciones de poder que esta última implica"


Por nuestra parte creemos que, en una ciudad viva, con un alto porcentaje de emigración hacia varios lugares del mundo y una intensa y extensa interconexión global, (telecomunicaciones con tecnología de punta con altísimos porcentajes de cobertura, comparada con las demás ciudades del país; Internet; videoconferencia; transmisión de voz, imágenes y datos, etc.) ha generado en Cuenca, unas inéditas condiciones para advertir la emergencia de unas articulaciones cotidianas y simultáneas de experiencias que provienen, tanto de lo global como otras que constituyen lo local, de modo que, juntas, configuran una nueva entrada para la constitución de identidades nuevas y múltiples entre nosotros.


En otras palabras, en Cuenca, se está tejiendo un complejo intercambio entre los imaginarios locales y los transnacionales; las políticas culturales de la región no deberán perder de vista esta cuestión para definir sus orientaciones con mayor precisión.


LA IDENTIDAD DEL CIUDADANO CONTEMPORÁNEO


Tan antiguo como los orígenes de la tradición republicana es el tema de la ciudadanía, que hoy es una noción central del debate teórico y político. Luego de la crisis del marxismo ortodoxo y del malestar de la democracia liberal, que tienen en 1989 - la caída del muro de Berlín- su gran momento simbólico, "la noción de ciudadanía ha pasado a encarar, más allá de su mera significación jurídica, la exigencia de una democracia que sea fiel a los principios de la tradición liberal (los derechos subjetivos), pero al mismo tiempo no meramente formalista o procedimental."


La revitalización de la noción de ciudadanía tiene que ver también con una crisis del vínculo del individuo con las instituciones en términos puramente instrumentalistas, con los efectos de la apatía generalizada en todos los lugares del mundo, la crisis del estado de bienestar, la indispensable solidaridad para resolver los problemas de la pobreza y el deterioro medioambiental, etc., de modo que, se hace indispensable que el individuo no demande solo una batería de derechos, sino que respondan con cualidades y actitudes: sentimiento de identidad, tolerancia, participación, responsabilidad, y de su adhesión y participación en el sistema político.


En otras palabras, y siguiendo a Esteban Antxustegui, las sociedades democráticas necesitan ciudadanos que se conciban a sí mismos como miembros comprometidos con su comunidad y el interés colectivo, y no simplemente como titulares de derechos, acreedores a determinadas prestaciones. Esto concuerda tanto con las apelaciones de comunitaristas como de republicanos.


Esta noción redescubierta y contemporánea de ciudadanía supone pertenencia, derechos, participación e implica también una fuerte noción de identidad "posnacional", constitucional, expresada en la noción de "patriotismo constitucional", de modo que se incrementaría la cohesión y el compromiso cívico.


Contemporáneamente, se está hablando de procesos de construcción de una ciudadanía cosmopolita y multicultural, respetuosa de la identidad de los distintos grupos culturales y que favorece su desarrollo, lo que debe traducirse en políticas públicas que posibiliten la educación en la lengua y cultura de origen, el reconocimiento de las costumbres y prácticas de los grupos dentro de los límites de los derechos fundamentales, el conocimiento por parte de todos de la cultura y tradiciones del resto de culturas coexistentes, la promoción de asociaciones culturales y del acceso a los medios de comunicación. En este sentido, la mundialización y la multiculturalidad demandan unos estándares transculturales de entendimiento.


IDENTIDADES PROYECTO


Esta es otra de las entradas metodológicas que podríamos desarrollar, porque sobre todo, tiene una estrecha relación con el devenir histórico regional, pues, los diferentes tipos de identidades se construyen siempre en un determinado contexto social y porque generan sujetos, tal como los define A. Touraine.


Cuenca puede ser estudiada hoy como un espacio de reconstrucción de su identidad colectiva, en el marco del reposicionamiento de las ciudades en la era "postnacional", cuando los intercambios se producen fundamentalmente entre ciudades más que entre estados nacionales; esta situación adquiere una particular importancia a raíz de su Declaratoria como Patrimonio Cultural de la Humanidad (1999). Es evidente que el proceso se inició en 1996, cuando el Movimiento Nueva Ciudad postuló a la Alcaldía a Fernando Cordero Cueva, quien lideró este proceso, incluso con un segundo mandato, un proyecto que ha logrado involucrar a otras instituciones del gobierno local y ha convocado a la participación ciudadana, en lo que podría llegar a ser la constitución de una capitalidad transfronteriza, la de Cuenca, que sería el referente de esta nueva región de intercambios económicos, sociales y culturales, y que incluso goza de importantes sustentos históricos comunes: el sur del Ecuador y el norte del Perú.


En este contexto, es preciso que se repare en los ejes del discurso del proyecto de identidad que hemos mencionado: una Nueva Ciudad; Cuenca de los Andes; Patrimonio Cultural de la Humanidad; sede de las artes y artesanías populares de América Latina; ciudad universitaria, cultural, turística, económica, etc. e incluso una constante apelación al sustento histórico del pasado prehispánico, cuando Tomebamba fue la segunda capital del Tahuantinsuyo, cuya recreación contemporánea, el Banco Central, está a punto de concluir en Los jardines del Inka, en Pumapungo, el barrio más importante de la ciudad imperial de los incas.



Bibliografía


• ANTXUSTEGUI, Esteban. Ciudadanía e Identidad Cultural, Donostia, Universidad del País Vasco, 2002.

• CASTELLS, Manuel. La era de la información. Economía Sociedad y Cultura. Vol. 2 El poder de la identidad. Madrid. Alianza Editorial. 1998.

• FERRATER MORA, José Diccionario de Filosofía. Barcelona, Ed. Ariel, ed. revisada y actualizada, ,4 tomos, 2001.

• MARTINEZ, Juan. Hacia la deconstrucción de la identidad local. Cuenca, Ponencia, mineo, 1999.

•MONCLUS, Francisco Javier ed. Urbanismo, ciudad, historia: La ciudad dispersa. Suburbanization y nuevas periferias. Barcelona, Centro de Cultura Contemporánea. Urbanitas, 1998.

•RADCLIFFE, Sarah. WESTWOOD, Sallie. Rehaciendo la Nación. Lugar, identidad y política en América Latina. Quito, Ediciones Abya-Yala, 1999.

• ROJAS, Carlos. Wallerstein y la ciencia nueva. In: Tiempo Creativo. Conjeturas y experiencias. Cuenca, Universidad de Cuenca, Facultad de Ciencias Médicas, Departamento de Postgrado, 2002.

• RUSCONI, Gian Enrico. Racionalidad política, virtud cívica e identidad nacional. Donostia, Universidad del País Vasco, 2002.

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